Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXVIII. A un ciudadano, a quien había hecho regresar de un prolongado exilio, le preguntó qué solía hacer allí; éste, para adularle, le respondió: «Pedía siempre a los dioses que, tal como sucedió, muriera Tiberio y fueses tú el emperador». Pensando entonces Calígula que los desterrados por él pedirían también a los dioses su muerte, envió sicarios a las islas para que los degollaran a todos. Deseando en una ocasión despedazar a un senador, sobornó a otros senadores para que, cuando aquél entrase en la Curia, se apoderaran de él por sorpresa, acusándolo de enemigo público, y, después de abatirlo con sus estiletes[53], lo entregaran a otros para que lo despedazasen. Y no se dio por satisfecho hasta que vio los miembros, las extremidades y las vísceras del senador arrastradas por los barrios y amontonadas frente a él.