Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XXXV. Privó a los más nobles ciudadanos de los tradicionales emblemas de sus familias: a Torcuato, del collar[60];a Cincinato, de la cabellera[61] y a Cneo Pompeyo, miembro de este antiguo linaje, del sobrenombre de «el Grande». A Ptolomeo, de quien antes he hecho mención, después de haberlo hecho venir de su reino y haberle acogido con grandes honores, decidió de súbito hacerlo asesinar por la única razón de haber observado, durante unos juegos que él ofrecía, que, al entrar Ptolomeo en el circo, había atraído sobre él las miradas de los espectadores debido al fulgor de su manto de púrpura. Siempre que se encontraba con personas de hermosos y largos cabellos, las afeaba haciéndoles rasurar la parte de atrás de la cabeza. Había en Roma un tal Esio Próculo, hijo de un primipilo, a quien se apodaba «Colosero»[62] por la fortaleza y la belleza de su cuerpo. Sacándolo un día, súbitamente y a la fuerza, de su localidad en el anfiteatro, lo arrojó a la arena y le hizo enfrentarse primero con un tracio y luego con un gladiador totalmente armado; al salir vencedor de ambos combates, ordenó que lo encadenasen de inmediato, que lo paseasen cubierto de harapos por los diferentes barrios, que lo exhibiesen ante las mujeres y, finalmente, que lo degollasen. No hubo nadie de tan ínfima condición o tan mísera fortuna, cuyos bienes no envidiase. Como el sacerdote[63] encargado del culto de Diana, en Aricia, hacía ya muchos años que desempeñaba ese sacerdocio, sobornó a un rival más fuerte para que lo eliminase. Cierto día, durante unos juegos de gladiadores, el pueblo aclamó entusiasmado a Porio, un gladiador de carros, quien tras una victoria había manumitido a un esclavo suyo; Calígula, fuera de sí de cólera y gritando que el pueblo dueño del universo tributaba por una fruslería más honores a un gladiador que a los príncipes divinizados o que a él mismo aun estando allí presente, abandonó con tal furia y precipitación el graderío que, pisándose el borde de la toga, cayó rodando por las gradas.


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