Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LIII. De las disciplinas liberales, no prestó la más mínima atención a la erudición, pero sí, en cambio, cultivó con gran afición la elocuencia. Tenía una extraordinaria riqueza y facilidad de palabra, sobre todo si apostrofaba a alguien. Cuando le dominaba la cólera le fluían las palabras y sentencias y no le fallaba ni la dicción ni la voz, de forma que a causa de la vehemencia no permanecía quieto en un sitio y podía ser escuchado por aquellos que se encontraban muy alejados. Cuando se disponía a hablar en público, amenazaba que iba a utilizar los dardos de sus reflexiones nocturnas; y, por otra parte, desdeñaba hasta tal punto el estilo demasiado suave y elegante de escribir que afirmaba que Séneca, que en aquel entonces gozaba del máximo éxito, componía «simples ejercicios poéticos de certamen» y que eran «arena sin cal». Tenía también la costumbre de componer respuestas a los discursos de los oradores que habían vencido, de preparar las acusaciones y las defensas de los personajes importantes acusados ante el Senado y, según le hubiera salido mejor el estilo, agravaba o suavizaba con sus argumentos la sentencia, invitando en esas ocasiones al orden ecuestre mediante un edicto a escuchar su peroración.




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