Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LIV. Aparte de esto, fue apasionado practicante de diversas habilidades de muy distinto género. Gladiador tracio[75] y auriga, cantante y bailarín, se batía con armas de combate y conducía cuadrigas en los distintos lugares donde existiese un circo. El placer de cantar y bailar le dominaba hasta tal extremo, que ni siquiera en los espectáculos públicos se privaba de acompañar con el canto a los actores trágicos mientras recitaban, e imitaba los gestos de los histriones, como elogiándolos o corrigiéndolos públicamente. Parece que el día que fue asesinado había organizado una velada nocturna con la única finalidad de, amparado en la permisividad de la noche, propiciar su debut en la escena. Algunas veces, también durante la noche, se ponía a bailar; en cierta ocasión, a tres ex cónsules que en la segunda vigilia[76] había hecho acudir a palacio, cuando ya se temían lo peor, los hizo situarse en el escenario; luego, de súbito, entre un gran estruendo de flautas y panderetas, Calígula irrumpió de un salto en la escena, vestido con un manto de mujer y túnica talar, y, después de interpretar y bailar un cántico, desapareció. En cambio, este hombre tan hábil para todo lo demás, no sabía nadar.