Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LV. Favoreció hasta extremos demenciales a todos aquellos por quienes se sentía atraído. Al mimo Mnéster lo cubría de besos, incluso en plena actuación, y, si alguien hacía el menor ruido mientras éste danzaba, ordenaba expulsarlo del teatro y lo flagelaba con sus propias manos. Por medio de un centurión ordenó a un caballero romano que causaba alboroto que marchase sin demora a Ostia y que llevara al rey Ptolomeo, en Mauritania, una carta suya, cuyo contenido era el siguiente: «A este individuo que te he enviado, no le hagas mal ni bien alguno». Puso a algunos gladiadores tracios al frente de los germanos de su escolta personal. Redujo la armadura de los mirmilones[77]. A un tal Columbo, un mirmilón que, aunque ligeramente herido, había resultado vencedor, le hizo poner veneno en su herida, veneno que por ese motivo se llamó «columbino» y con ese nombre, escrito en el recipiente por el propio Calígula, fue ciertamente hallado entre los otros venenos. Era tan ferviente partidario del equipo verde[78], que con mucha frecuencia cenaba en las caballerizas y se quedaba allí a dormir, y una vez, durante una orgía, obsequió al auriga Eutico con dos millones de sestercios como regalo. La víspera de las carreras en el circo, para que no se molestase a su caballo Incitato, solía ordenar a la vecindad que guardase silencio, utilizando soldados para ello. Le cubrió, además, de regalos: un establo de mármol, un pesebre de marfil, gualdrapas de púrpura, arreos con piedras preciosas, una casa, esclavos y enseres para que los invitados, en nombre de su caballo, fueran recibidos con la máxima suntuosidad. Se dice también que tenía pensado nombrarlo cónsul.


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