Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXXIX. Entre otras cosas, lo que causó verdadero estupor entre la gente fue su poca memoria y su inconsciencia, o bien, como yo diría en griego, su aturdimiento e inconsideración[51]. Después de hacer ajusticiar a Mesalina, a los pocos días, al sentarse a la mesa, preguntó por qué no venía la señora. A muchos de los que había condenado a muerte, al día siguiente de su ejecución ordenaba invitarlos para pedirles consejo o para jugar a los dados y, pensando que se retrasaban, los cubría de reproches mediante un mensajero, tratándolos de dormilones. Cuando estaba a punto de contraer su incestuoso matrimonio con Agripina, no cesó de alabarla en todos sus discursos, llamándola «hija y pupila suya, nacida y criada en su regazo». Cuando iba a adoptar a Nerón, como si no se le criticase ya suficientemente por adoptar a su hijastro, teniendo un hijo adulto[52], comentó públicamente que nunca había entrado nadie por adopción en la familia Claudia.