Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLI. Siendo todavía un adolescente, abordó la tarea de escribir una historia, siguiendo los consejos de Tito Livio y con la ayuda de Sulpicio Flavo[53]. La primera vez que se enfrentó a un concurrido auditorio, apenas pudo acabar de leerla, pues él mismo enfriaba continuamente el entusiasmo de los presentes. En efecto, cuando comenzaba su lectura, se produjo una risa general al romperse varias sillas debido a la obesidad de uno de los oyentes; tras calmarse el alboroto, Claudio fue incapaz de dominarse y, acordándose con frecuencia del incidente, estallaba en carcajadas. Una vez emperador, también escribió mucho, procediendo frecuentemente a la lectura de sus escritos por medio de un lector. Su historia se iniciaba justo después del asesinato del dictador César, pero luego se pasó a una época más reciente y comenzó a partir de la instauración de la paz, después de las guerras civiles, al darse cuenta de que no tenía posibilidad de relatar con libertad y veracidad los sucesos anteriores, pues era siempre corregido por su madre y por su abuela. Dejó escritos dos volúmenes sobre el primer tema y cuarenta y uno sobre el segundo. Escribió también una autobiografía en ocho volúmenes, que pecaban más de tontería que de falta de elegancia. Compuso también una Defensa de Cicerón contra los libros de Asinio Galo[54], bastante erudita. Se inventó tres nuevas letras y las añadió al alfabeto tradicional, juzgándolas indispensables; como ya había publicado un libro justificando la necesidad de esas letras, cuando todavía era un simple ciudadano, luego, siendo ya emperador, consiguió con facilidad que se utilizasen habitualmente junto a las otras. Se conservan tales caracteres en muchos libros y en las inscripciones de las obras públicas de la época.