Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XIII. Entre los espectáculos ofrecidos por Nerón, es de justicia consignar la entrada en Roma del rey Tiridates[29]. Después de aplazar, mediante un edicto y a causa del mal tiempo, el día señalado para mostrar al pueblo a este rey de Armenia, invitado reiteradamente a la ciudad con grandes promesas, Nerón le hizo entrar en el momento más favorable posible, tras haber colocado cohortes armadas alrededor de los templos del foro, mientras él permanecía sentado en los rostra[30], en la silla curul, con vestiduras triunfales, entre las enseñas y los estandartes militares. Tiridates, después de avanzar a través de la rampa de la tribuna, se arrodilló ante él. Le ayudó Nerón con su diestra a levantarse, le besó y, en respuesta a su petición, tras quitarle la tiara, le impuso una diadema, mientras un ex pretor traducía a la multitud las palabras del suplicante. De allí lo condujo al teatro y, de nuevo ante sus ruegos, lo hizo sentar a su lado, a su derecha. Aclamado por todo ello como emperador, Nerón, después de llevar una corona de laurel al Capitolio, cerró el templo de Jano, el dios de las dos caras[31], estimando así que no quedaba asomo de guerra alguna en todo el Imperio.

XIV. Ejerció cuatro consulados: el primero durante dos meses, el segundo y el último durante seis meses y, el tercero, durante cuatro meses. El segundo y el tercero en años consecutivos y, los dos restantes, con un intervalo de un año.


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