Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXI. Como el hecho de cantar en Roma tenía para él la máxima importancia, convocó de nuevo el certamen «Neroniano» antes de la fecha prevista y, como todos le solicitaban insistentemente escuchar su «voz celestial», respondió que «ofrecería una actuación en los jardines de palacio para aquellos que quisieran», pero, al sumarse a las peticiones del pueblo el destacamento militar que estaba entonces de guardia, prometió que con sumo gusto haría una representación y ordenó inscribir enseguida su nombre en la lista de los citaredos que se presentaban al concurso e, introducido un papel con su nombre en la urna, junto con los de los demás competidores, salió a escena cuando le tocó el turno, sosteniéndole la cítara los prefectos del pretorio y rodeado de los más íntimos de sus amigos. Cuando estuvo plantado en el escenario y después de interpretar una obertura, anunció a través del ex cónsul Cluvio Rufo que iba a cantar Níobe. Estuvo cantando hasta la hora décima y decidió aplazar la designación del vencedor y el resto del certamen hasta el año siguiente, para de este modo tener más oportunidades de cantar. Luego, pareciéndole demasiado largo el plazo, no dejó de cantar en público con suma frecuencia. Estuvo dudando también si actuar en espectáculos privados junto a los actores profesionales, al ofrecerle un pretor un millón de sestercios. Con la cara cubierta por la correspondiente máscara[37], cantó también diversas tragedias, haciendo fabricar para ello máscaras de héroes y de dioses y también de heroínas y de diosas, que reproducían su propio rostro y el de las mujeres que tenía como amantes. Entre otras obras cantó El parto de Canacea, Orestes, el matricida, Edipo ciego y Hércules furioso. Se cuenta que en esta última representación, un soldado muy joven apostado de guardia a la entrada, al ver que se vestía y encadenaba a Nerón, como pedía el argumento, corrió a prestarle ayuda.