Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXV. Desde Grecia regresó a Nápoles, porque era en esa ciudad donde había debutado como artista, y entró en la ciudad con un tiro de caballos blancos a través de una brecha abierta en la muralla, como mandaba la tradición de los vencedores en los juegos sagrados. Del mismo modo procedió en Ancio, luego en Albano y finalmente en Roma. En Roma, empero, hizo su entrada en el mismo carro con el que Augusto había celebrado su triunfo, vestido con una túnica púrpura y un manto bordado con estrellas de oro y llevando en su cabeza la corona olímpica y la pítica en su mano derecha; precedía a su carro un cortejo con todas las demás coronas y con rótulos de dónde, sobre quiénes y con qué cantos o argumentos había vencido; le seguían, conforme al ceremonial de los que recibían el honor de la ovación, los encargados de aplaudirle y de proclamar a gritos que ellos «eran las tropas augustianas y los soldados de su triunfo». Luego se encaminó al Palatino y al templo de Apolo, a través del Velabro y del foro, haciendo demoler para ello una arcada del circo Máximo. Mientras avanzaba por las calles cubiertas de azafrán, entre las víctimas sacrificadas en su honor por todas partes, eran arrojadas a sus pies aves, cintas reales y golosinas. En las habitaciones de palacio, dispuso las coronas sagradas alrededor de los lechos y también estatuas suyas en atuendo de citaredo y, además, hizo acuñar monedas con esa misma efigie. Después de todo esto, no sólo no remitió ni se moderó lo más mínimo su pasión por el canto, sino que, a fin de conservar la voz, nunca más volvió a arengar a los soldados, a no ser delegando en otro o teniendo a alguien a su lado encargado de transmitir en voz alta sus palabras, ni volvió a tratar asunto alguno, ni en serio ni en broma, si no tenía junto a él a su maestro de declamación que le advirtiese que tenía que cuidar sus bronquios y aplicarse un pañuelo a la boca. Concedió a muchos su amistad o les hizo blanco de su odio, según le prodigaran sus alabanzas en mayor o menor grado.