Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XXXIX. A tantas infamias y desgracias, obra del propio emperador, se sumaron otras fortuitas: una peste por la que, en un solo otoño, treinta mil muertos engrosaron las listas de Libitina[60]; el desastre de Britania, en el que dos importantes y populosas ciudades de ciudadanos romanos y de aliados fueron aniquiladas y pasadas a cuchillo; la ignominiosa vergüenza en Oriente, donde, en Armenia, se hizo pasar a las legiones vencidas bajo el yugo, y donde, a duras penas, se pudo mantener en nuestro poder la provincia de Siria. Entre todos estos hechos, es sorprendente y especialmente notable que nada soportó Nerón con más paciencia que las maldiciones e improperios de la gente y que con nadie se mostró más indulgente que con aquellos que le ultrajaron con palabras y versos injuriosos. Muchos de ellos, en griego y en latín, se escribieron sobre las paredes o se hicieron populares entre el pueblo, como, por ejemplo, los siguientes:

Nerón, Orestes, Agamenón: matricidas.

Nuevo juicio: Nerón ha matado a su propia madre.

¿Quién puede negar que Nerón procede

del ilustre linaje de Eneas?

Éste cargó sobre él a su padre[61]. Aquél se cargó a su madre.

Mientras Nerón tensa su cítara, mientras

el parto tensa su arco,

Nuestro Nerón será Apolo Peán, el parto,


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