Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares Apolo Hecatebeletes[62].
Roma se convertirá en su casa. Quirites, emigrad a Veyes,
A no ser que su maldita casa llegue también hasta Veyes[63].
No indagó, sin embargo, quiénes eran sus autores e incluso prohibió que algunos de ellos, denunciados por un delator, fueran castigados por el Senado con penas demasiado severas. Un día, al verlo pasar, el filósofo cínico Isidoro le había reprochado en público y en voz alta «haber cantado muy bien los males de Nauplio y haber dispuesto muy mal de sus propios bienes». También Dato, un actor de Atelanas, al declamar este verso:
¡Salud, padre; salud, madre!
lo había escenificado, imitando con sus gestos a un bebedor y a un nadador, aludiendo, claro está, a la muerte de Claudio y de Agripina, y luego, en el verso final:
El Orco os estira de los pies
señaló al Senado con un gesto[64]. Nerón, sin embargo, se limitó a expulsar de la ciudad y de Italia al filósofo y al histrión, bien porque su mala reputación le importaba muy poco, bien por no exacerbar más aún la agudeza de los sarcásticos, demostrando que le molestaban sus invectivas.