Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLIV. Su primera preocupación, en la preparación de la expedición, fue la elección de los vehículos para transportar sus instrumentos teatrales, la de cortar el pelo, como si fueran hombres, a las concubinas que pensaba llevar con él y la de armarlas con hachas y escudos a la manera de las amazonas. Convocó luego a las tribus urbanas para efectuar una leva militar, pero, al no responder a su llamamiento ni un solo ciudadano idóneo, ordenó a los señores que le cedieran un determinado número de esclavos. De entre todos los esclavos de cada uno de ellos, escogió tan sólo a los mejores, sin exceptuar ni siquiera a los intendentes y amanuenses. Ordenó también que todos los órdenes sociales aportaran una parte de su fortuna y que los inquilinos de los edificios privados y de los bloques de pisos entregaran al fisco el alquiler de todo un año. Con extremo desdén y rudeza exigió dinero recién acuñado, plata de ley y oro puro, hasta el punto de que muchos se negaron abiertamente a hacer aportación alguna, exigiendo de común acuerdo que se obligara más bien a los delatores a devolver todas las recompensas que hubieran recibido.