Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XLV. El odio contra Nerón se acrecentó todavía más por el hecho de enriquecerse éste, especulando incluso con la carestía del trigo. Sucedió, en efecto, que, durante un hambre general, se anunció casualmente que una nave procedente de Alejandría había traído a Roma arena para los luchadores de palacio. Exacerbado por ello el odio de todos contra Nerón, hubo éste de soportar toda clase de improperios. En la cabeza de una de sus estatuas aplicaron un rizo[69] con una inscripción en griego: «¡Ahora, por fin, es la hora de luchar y te afeitarán de una vez la cabeza!». Al cuello de otra estatua le ataron un saco con otra inscripción: «¿Qué he podido hacer yo? Tú, en cambio, te has merecido el saco[70]». También se escribió en algunas columnas que «con tanto cantar había despertado incluso a los gallos»[71]. Por último, durante las noches, había muchos que fingían riñas con sus esclavos, pidiendo a gritos y sin cesar «¡que venga el Vengador[72]!».








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