Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XIV. Así pues, fue mucho mayor la popularidad y autoridad de que gozaba Galba al asumir el poder supremo que la que tuvo después, cuando lo ejerció, a pesar de haber ofrecido numerosas muestras propias de un excelente emperador. Pero éstas no fueron en absoluto tan gratas al pueblo como odiosas las actuaciones que tuvo después. En el ejercicio del poder se guiaba por el capricho de tres personajes que, como vivían con él en el interior de palacio y no se apartaban ni un momento de su lado, el vulgo los llamaba «sus pedagogos». Eran éstos, Tito Vinio, lugarteniente suyo en España, hombre de inmensa codicia; Cornelio Laco, de consejero ascendido a prefecto del pretorio, de intolerable arrogancia y estupidez, y el liberto Icelo, distinguido hacía poco con el anillo de oro y el nombre de Marciano[33] y candidato ya a las más altas dignidades del orden ecuestre. Hasta tal extremo permitió y consintió que abusaran de su confianza, entregándose a todo tipo de delitos, que le resultaba difícil ser consecuente consigo mismo, mostrándose a veces demasiado enérgico y mezquino y, otras, demasiado indulgente y displicente para lo que es conveniente a un emperador elegido[34],y de su edad. Condenó por mínimas sospechas y sin escucharlos siquiera a algunos ilustres ciudadanos de los órdenes senatorial y ecuestre. Concedió muy raramente la ciudadanía romana; los privilegios propios de los que tenían tres hijos, los otorgó tan sólo a uno o dos ciudadanos e, incluso en esos casos, por un período concreto y predeterminado. No sólo negó a los jueces la sexta decuria que solicitaban que se añadiese a las ya existentes, sino que les quitó también la concesión que les había otorgado Claudio de no ser llamados para administrar justicia en invierno y al inicio del año.