Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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III. Como era el confidente de todos los planes y secretos del emperador, el día que Nerón había fijado para asesinar a su madre, Otón, con el fin de alejar cualquier sospecha, ofreció a ambos un banquete, rebosante de exquisita cordialidad. Con el señuelo del matrimonio, sedujo a Popea Sabina —que por entonces era tan sólo amante de Nerón, quien, a su vez, se la había arrebatado a su marido y se la había confiado a Otón—, y, no satisfecho con haberla seducido, la amó hasta tal extremo que ni siquiera pudo soportar a Nerón como rival suyo. Se asegura que no sólo no recibió a los enviados por Nerón para reclamarla, sino que en una ocasión impidió la entrada al propio emperador que, de pie ante las puertas de la casa de Otón, reclamaba en vano su depósito, mezclando ruegos y amenazas. Por ello, Nerón, una vez disuelto su matrimonio con Octavia, lo alejó de Roma, concediéndole a tal fin el gobierno de Lusitania[6]. Este alejamiento le pareció suficiente, para evitar que un castigo mayor pudiera sacar a luz toda aquella farsa, farsa que, a pesar de todo, se hizo pública con este dístico:

¿Preguntáis por qué se disimula con una magistratura el destierro

[de Otón?

Porque se había convertido en el amante de su mujer.


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