Vida de los doce Cesares

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IX. Con la misma temeridad, por más que nadie dudaba de que lo prudente era demorar la confrontación puesto que el enemigo se vería en apuros a causa del hambre y las dificultades del terreno, Otón decidió entablar combate cuanto antes, fuera porque no podía soportar durante más tiempo su angustiosa espera y confiaba poder lograr una decisiva victoria antes de la llegada de Vitelio, fuera porque no podía contener el ardor de sus soldados que reclamaban el combate. Él, no obstante, no participó personalmente en ninguna acción, manteniéndose en su cuartel general, en Brixelo[12]. Lo cierto es que venció en tres combates, aunque de escasa trascendencia: en los Alpes, cerca de Plasencia y junto al templo de Cástor, en una población de ese nombre. Sin embargo, en la última y más importante batalla, junto a Betriaco[13], fue vencido merced a una traición, cuando, abierta la esperanza de un acuerdo y después de que hubieran salido los soldados de Otón de su campamento, pensando que iban a establecer las condiciones de paz, de improviso y mientras se intercambiaban los saludos, se vieron obligados a luchar. A partir de ese instante, Otón tomó la decisión de quitarse la vida, según opinan muchos y con razón, más por pudor de obstinarse en conservar el trono para él, a costa de tanto riesgo para el Estado y los ciudadanos, que por haber perdido la esperanza en su victoria o por desconfiar de sus tropas. De hecho, tenía intactas y a su disposición las tropas que había reservado junto a sí para posteriores avatares, estaban llegando además otras de Dalmacia y Panonia y, ni siquiera las que habían sido derrotadas, estaban tan desmoralizadas como para no afrontar voluntariamente cualquier peligro, incluso sin refuerzos, con el fin de vengar la traición sufrida.


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