Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XI. Preparado, pues, de esta forma y dispuesto ya a suicidarse, observó Otón, al originarse en el ínterin un gran tumulto, que todos aquellos que comenzaban a marcharse y a abandonar el campamento eran detenidos e injuriados como si fueran unos desertores. Dijo entonces: «Añadamos todavía esta noche a mi vida» (éstas fueron textualmente sus palabras) y prohibió que se ejerciese violencia alguna contra nadie. Luego, abierta su habitación de par en par hasta muy tarde, estuvo a disposición de todos por si alguno quería entrar a hablar con él. Después, calmando su sed con un vaso de agua helada, cogió dos puñales y, tras comprobar el filo de ambos, colocó uno de ellos bajo la almohada y, con las puertas abiertas, se sumió en un profundo sueño. Cuando, hacia el amanecer, se hubo despertado, se atravesó de un solo golpe bajo la tetilla izquierda y, ya ocultando, ya mostrando la herida a los que irrumpieron en su habitación a sus primeros gemidos, expiró. Fue rápidamente enterrado, pues así lo había dispuesto, a los treinta y ocho años de edad[15], tras noventa y cinco días de reinado.