Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XII. Tanta grandeza de ánimo por parte de Otón no se ajustó en absoluto ni a su físico ni a sus hábitos. Se dice, en efecto, que fue de mediana estatura, con los pies planos y patizambo. Con unos cuidados casi femeninos en su acicalamiento, se depilaba el cuerpo y, debido a la escasez de sus cabellos, llevaba en su cabeza una peluca adaptada y fija, que nadie notaba; más aún, se afeitaba la cara cada día y solía friccionársela después con pan mojado; había adoptado esa costumbre desde su primer bozo, de modo que nunca llevó barba. Se dice también que participó con frecuencia y abiertamente en el culto de la diosa Isis, llevando la vestidura de lino propia de esa religión. Por todo lo cual considero que, el hecho de que su muerte no armonizara en absoluto con lo que había sido su vida, fue causa de mayor sorpresa todavía. Muchos de los soldados presentes, besando entre grandes llantos las manos y pies de su cadáver y proclamando que era el más valiente de los hombres y su único emperador, se quitaron inmediatamente la vida, allí mismo, junto a la pira funeraria. Muchos también de los ausentes, cuando recibieron la noticia de su muerte, desolados por el dolor se arrojaron unos contra otros con sus armas desenvainadas hasta que murieron todos ellos. Por último, mucha gente que mientras Otón vivía lo había detestado profundamente, una vez muerto lo cubrió de elogios, hasta el punto que se hizo opinión general que había matado a Galba, no tanto por deseo de reinar, cuanto para restituir la República y la libertad.