Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XI. Finalmente entró en Roma al son de las trompetas, revestido con manto de general en jefe y ceñido con su espada, entre enseñas y estandartes, con su séquito vistiendo el capote militar y con sus soldados llevando las espadas desenvainadas. Despreciando cada vez más, de día en día, todo derecho humano y divino, fue nombrado pontífice máximo el día del aniversario de la derrota de Alia[15], celebró unas elecciones para los próximos diez años y se nombró a sí mismo cónsul a perpetuidad. Y para que nadie abrigara dudas de qué modelo de gobierno iba a elegir, reuniendo en pleno Campo de Marte un gran número de sacerdotes de los cultos oficiales, ofreció un sacrificio a los Manes de Nerón y, en un solemne banquete, solicitó delante de todos a un citaredo de moda que recitase algo del Dominicus[16], siendo él el primero en aplaudirle, exultante de gozo, cuando comenzó un cántico compuesto por Nerón.