Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XIII. Dominado especialmente por la gula y la crueldad, se regalaba al día con tres comidas por lo menos y, en ocasiones, con cuatro, a la hora del desayuno, de la comida, de la cena y del resopón, cumpliendo abundantemente con todas ellas, gracias a su costumbre de vomitar. Además, hacía organizar para él, en un mismo día, distintos banquetes a diversos ciudadanos, cuya preparación no costaba a ninguno de ellos menos de cuatrocientos mil sestercios por convite. Fue especialmente célebre, por encima de todos, el banquete que le ofreció su hermano para celebrar su llegada, en el que se dice que se sirvieron dos mil pescados y siete mil aves, todos ellos exquisitamente seleccionados. Pero el propio Vitelio superó esta fastuosidad con la inauguración de una cazuela que, por sus inmensas dimensiones, solía denominarla «el escudo de Minerva, protectora de la ciudad». En ella mezclaba y condimentaba hígados de escaros, sesos de faisanes y pavos reales, lenguas de fenicóptero e intestinos de morenas, animales todos ellos que sus capitanes de barco y sus trirremes habían ido a buscar desde el país de los partos hasta el estrecho de España[19]. No obstante, como era hombre, no sólo de insaciable glotonería, sino de permanente e incluso grosera voracidad, ni siquiera en los sacrificios o en sus viajes se abstuvo de comerse allí mismo, entre los altares, las entrañas y las tortas sagradas que arrebataba del fuego, ni de entrar, cuando viajaba, en las posadas y devorar las viandas, tanto las recién hechas como las del día anterior, e incluso los restos a medio comer.


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