Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares V. Después de Nerón y Galba, mientras Otón y Vitelio combatían para hacerse con el Imperio, Vespasiano concibió esperanzas de lograr el trono imperial, esperanzas albergadas ya desde antiguo merced a numerosos presagios. En la finca de los Flavios, en los aledaños de Roma, una añosa encina, consagrada a Marte, hizo brotar de su tronco, en cada uno de los tres partos de Vespasia[24], otras tantas ramas, presagios indiscutibles del destino de cada uno de ellos: fue la primera de ellas pequeña y rápidamente agostada, y, en consecuencia, la niña recién nacida murió antes del primer año; la segunda fue robusta y espléndida y vaticinaba, por tanto, una notable prosperidad; la tercera era como un árbol. Cuentan que, por ese motivo, Sabino, su padre, con la confirmación también por parte de los arúspices, comentó a su madre[25] que le había nacido un nieto que sería emperador; pero que ella se limitó a estallar en carcajadas, sorprendida de que, estando ella todavía en sus cabales, su hijo ya chochease. Más tarde, cuando Cayo César[26], encendido de cólera porque Vespasiano, que entonces era edil, no se había preocupado de barrer las calles, ordenó que los soldados lo cubriesen de lodo y éstos lo arrojaron en el pliegue de su toga pretexta; no faltaron quienes presagiaron que llegaría un tiempo en que la República, pisoteada y desierta por disensiones civiles, se acogería a su protección, como si de un regazo se tratase. En otra ocasión, mientras estaba comiendo, un perro vagabundo trajo de la calle una mano humana[27] y la depositó junto a la mesa. De nuevo mientras cenaba, un buey de labranza, sacudiéndose el yugo, irrumpió en el comedor y, cuando hubieron huido los sirvientes, se tumbó a los pies de Vespasiano, que continuaba recostado, y humilló la cabeza. Además, un ciprés que se hallaba en su casa familiar, fue arrancado de raíz y derribado, sin que mediase ninguna violenta tormenta, pero, al día siguiente, volvió a alzarse más verde y robusto. En Acaya, soñó que el comienzo de la prosperidad para sí mismo y para los suyos se produciría al mismo tiempo que se le arrancase un diente a Nerón; pues bien, sucedió que al día siguiente, al entrar en el atrio, el médico le mostró un diente que le acababa de ser arrancado. En Judea, cuando consultó el oráculo del dios del Carmelo, las suertes le reconfortaron hasta el punto de prometerle que todo lo que pensase y planificase, por grande que fuese, se cumpliría; además, uno de los nobles apresados, un tal Josefo[28],al ser aherrojado con grilletes, aseguró insistentemente que en breve sería liberado por el propio Vespasiano, pero ya como emperador. También desde Roma llegaban noticias de presagios; se decía que, en sus últimos días, Nerón había sido advertido en sueños de que debía sacar las andas[29] de Júpiter Óptimo Máximo de su templo y llevarlas a la casa de Vespasiano y, de allí, al circo; que poco tiempo después, al abrir Galba los comicios en los que fue elegido cónsul por segunda vez[30], la estatua del divino Julio se giró espontáneamente hacia el Oriente; se decía también que en la batalla de Bedriaco, justo antes de iniciarse, lucharon dos águilas a la vista de todos y que, vencida una de ellas, apareció una tercera, procedente de Oriente, y ahuyentó a la vencedora.