Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VI. No obstante, a pesar de que los suyos estaban totalmente a punto y de que se lo reclamaban insistentemente, Vespasiano no intentó nada antes de sentirse incitado a ello en virtud de la fortuita muestra de adhesión de algunas tropas a las que no conocía personalmente y que estaban estacionadas lejos de allí. Los dos mil soldados, seleccionados entre las tres legiones del ejército de Mesia, que habían sido enviados en auxilio de Otón, después de haberse puesto en camino recibieron la noticia de la derrota y suicidio de éste, pero no por ello dejaron de avanzar hasta Aquileya[31], como si no dieran crédito a la noticia. Como, dadas las circunstancias y la falta de disciplina, se habían entregado allí a toda clase de desmanes, temerosos de que a su regreso tendrían que rendir cuentas de ello y sufrir el correspondiente castigo, decidieron escoger y nombrar un nuevo emperador; en efecto, no se consideraban inferiores al ejército de España, al pretoriano o al de Germania, que habían elegido y nombrado, respectivamente, a Galba, Otón y Vitelio. En consecuencia, después de barajar los nombres de los diferentes legados consulares, que en aquellos momentos tenían mando, y de rechazarlos a todos ellos por unos u otros motivos, como unos soldados de la tercera legión, que ala muerte de Nerón había sido trasladada de Siria a Mesia, hicieron grandes elogios de Vespasiano, lo aceptaron todos los demás y al momento inscribieron su nombre en todos sus estandartes. La intentona fue entonces sofocada, al ser reducidas de nuevo a la obediencia durante algún tiempo esas tropas. Divulgado, sin embargo, el suceso por el resto del Imperio, Tiberio Alejandro[32], gobernador de Egipto, fue el primero en hacer jurar a sus legiones fidelidad a Vespasiano el día de las calendas de julio, día que en lo sucesivo fue considerado como el del inicio de su reinado[33]. El ejército de Judea prestó el mismo juramento, en presencia del propio Vespasiano, el día quinto de los idus de julio. Contribuyó en gran manera a sus proyectos la difusión de la copia de una carta, fuera verdadera o falsa, dirigida a Vespasiano por el difunto Otón, en la que, en desesperada súplica, le encargaba que le vengase y acudiese en ayuda del Estado, así como el hecho de que, simultáneamente a esa carta, se difundiese el rumor de que el vencedor Vitelio había decidido cambiar de lugar los cuarteles de invierno y trasladar las legiones de Germania a Oriente, para que la vida castrense fuera más segura y cómoda, y, por último, el que, entre los gobernadores de provincias, Licinio Muciano[34],y, entre los reyes, el de los partos, Vologeso, tomaran decidido partido por él: aquél, deponiendo la enemistad que, por motivos de rivalidad, había demostrado abiertamente hasta entonces en contra de Vespasiano, le prometió el apoyo del ejército de Siria; Vologeso, por su parte, le prometió cuarenta mil arqueros.