Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XIX. Durante los juegos con los que inauguraba la reconstruida escena del teatro de Marcelo[43], hizo salir de nuevo a escena a antiguos artistas. Regaló al actor trágico Apela cuatrocientos mil sestercios; a los citaredos Terpno y Diodoro, doscientos mil a cada uno; a otros, cien mil y, a los demás, cuarenta mil sestercios como mínimo, además de numerosas coronas de oro. Celebraba también frecuentes banquetes, la mayoría de las veces muy completos y suntuosos, para ayudar a los comerciantes de los mercados. Del mismo modo que en la sobremesa ofrecía regalos a los hombres durante las Saturnales, se los ofrecía a las mujeres en las calendas de marzo. Pero, sin embargo, ni siquiera así pudo librarse de su antigua fama de codicia. Los habitantes de Alejandría se obstinaron en denominarlo Cibiosactes, que era el apodo de uno de sus reyes, prototipo de la más sórdida avaricia. Incluso durante sus exequias, cuando Favor, el jefe de los mimos —que llevaba una máscara con los rasgos de Vespasiano e imitaba los gestos y las palabras de éste, cuando estaba vivo—, preguntó a los intendentes cuánto costaba el funeral y el cortejo fúnebre y escuchó que el coste era de diez millones de sestercios, exclamó: «Dadme cien mil sestercios y arrojad mi cuerpo al Tíber»[44].




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