Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XII. Totalmente arruinado por los costes de las obras públicas y de los espectáculos, así como por el aumento de sueldo que había concedido al ejército, trató de disminuir el número de soldados, para reducir los gastos castrenses. Pero, al comprender que de esta forma quedaba expuesto a los ataques bárbaros y no menos agobiado por las deudas que había de pagar, no sintió el menor escrúpulo en dedicarse a robar de todas las formas posibles. En todas partes y por cualquier delación o delito confiscaba los bienes de los vivos y de los muertos. Bastaba ser acusado de cualquier hecho o dicho contra la majestad del emperador. Se apropiaba de las herencias de personas totalmente ajenas a él, con tal que hubiera un solo individuo que afirmara haber oído decir al difunto, cuando aún vivía, que César era su heredero. Exigió sobre todo con severísimo rigor los impuestos especiales que gravaban al colectivo judío, extendiéndolos a los que, sin profesar el judaísmo, vivían conforme a sus normas y a los que, por haber ocultado su origen, no habían satisfecho los tributos impuestos a su raza. Recuerdo haber presenciado, siendo todavía un adolescente, cómo un anciano nonagenario fue minuciosamente examinado por un procurador, ante una nutridísima concurrencia, para ver si estaba circuncidado.




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