Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares Ya desde su juventud no fue nunca una persona amable, mostrándose insolente e intemperante, tanto en palabras como en hechos; por ejemplo, cuando, a su regreso de Istria, Cenis, la concubina de su padre, se acercó a él, como era su costumbre, para besarle, Domiciano se limitó a alargarle la mano. Del mismo modo, molesto porque el yerno[30] de su hermano tenía también servidores vestidos de blanco, exclamó:
No es bueno que haya muchos soberanos[31].