Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XIII. Cuando accedió al trono, no dudó en jactarse ante el Senado de que «él era quien había entregado el poder imperial a su padre y a su hermano y que ellos se lo habían devuelto», ni dudó tampoco en proclamar en un edicto, cuando tomó de nuevo a su mujer, después de haberse divorciado de ella, que «había vuelto a aceptarla en su divino lecho». En cierta ocasión, durante un banquete en el anfiteatro, escuchó con gran placer las siguientes aclamaciones: «¡Venturosa vida para nuestro Señor y nuestra Señora!». Sin embargo, cuando en el certamen Capitolino[32] todo el público le rogaba al unísono que restituyese en su cargo a Palfurio Sura, expulsado desde hacía tiempo del Senado y que había resultado ahora vencedor en el concurso de elocuencia, sin dignarse dar respuesta alguna se limitó a ordenar por boca del pregonero que se callasen. Con parecida arrogancia, en una ocasión en que dictaba una carta circular, escrita aparentemente por sus procuradores, la comenzó así: «Nuestro Señor y dios, ordena que se haga lo siguiente…». Quedó establecido desde entonces que, en adelante, en todos los escritos y conversaciones, de quien quiera que fuesen, recibiera ese mismo tratamiento. No permitió que se colocasen estatuas suyas en el Capitolio, si no eran de oro o de plata y de un peso determinado. Hizo construir por todos los distritos de la ciudad tantos y tan grandes pórticos y arcos de triunfo, coronados con cuadrigas y con los distintivos de sus triunfos, que en uno de ellos apareció escrito en griego: «¡Basta!». Asumió diecisiete consulados —nadie, antes de él, había asumido tantos—, de ellos, los siete intermedios ininterrumpidamente, aunque casi todos los ejerció tan sólo nominalmente, ninguno más allá de las calendas de mayo y, la mayoría, hasta los idus de enero únicamente. Cuando, después de sus dos triunfos, adoptó el sobrenombre de Germánico, cambió los nombres de los meses de septiembre y de octubre por sus propios nombres «Germánico» y «Domiciano», respectivamente, puesto que, en septiembre, había obtenido el trono imperial y, en octubre, había nacido.


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