Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares A causa de ese mismo terror, y a pesar de lo mucho que le complacían los honores de cualquier género, rechazó una nueva distinción honorífica, pensada por el Senado en su honor. Había decretado, en efecto, el Senado que, siempre que ejerciese el consulado, entre los lictores y ujieres le precediese un grupo de caballeros romanos, elegidos por sorteo, vestidos con la trábea y armados con lanza militar. Cada vez más angustiado a medida que se iba aproximando el día de su augurada muerte, hizo revestir de reluciente fengita[33] las paredes de los pórticos por los que tenía costumbre de pasear, para poder observar, mediante las imágenes reflejadas en su brillante superficie, lo que sucedía a sus espaldas. No escuchaba tampoco a ningún detenido, si no era en un lugar apartado y a solas y sosteniendo con sus manos las cadenas que lo aherrojaban. Por otra parte, para persuadir al personal doméstico de que nadie podía osar dar muerte a su patrón, ni siquiera por un buen fin, condenó a la pena capital a su secretario Epafrodito, porque se creía que con su propia mano había ayudado a Nerón a suicidarse, tras ser éste abandonado por todos.