Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XV. Por último, ordenó ejecutar de improviso, a causa de una ligerísima sospecha y acabado apenas de ejercer su consulado, a Flavio Clemente[34], primo hermano suyo, hombre de ignominiosa apatía, a cuyos dos hijos, todavía unos niños, había designado públicamente Domiciano como sucesores suyos, cambiándoles a ambos sus nombres propios por los de Vespasiano y Domiciano, respectivamente. Fue este crimen, sobre todo, el que precipitó su propia muerte. Durante ocho meses seguidos cayeron en Roma, y se comunicó que habían caído también fuera de ella, tal cantidad de rayos, que Domiciano llegó a exclamar: «¡Que hiera ya de una vez a quien desee herir!». Fueron alcanzados por los rayos el Capitolio, el templo de la familia Flavia, el palacio imperial del Palatino y su propio dormitorio, e incluso la placa con la inscripción de una estatua triunfal de Domiciano, arrancada por la violencia de la tormenta, fue a caer sobre una tumba cercana. También el árbol[35] que, cuando Vespasiano era un simple particular, había muerto y reverdecido después, volvió ahora a caer de nuevo. El oráculo de la Fortuna, en Preneste, que durante todo su reinado, cuando él acudía a consultar el nuevo año, no había dejado de augurarle siempre la misma feliz prosperidad, la última vez le rindió un tristísimo presagio que incluía la mención de sangre. Soñó, además, que Minerva, por la que sentía especial veneración, se marchaba de su templo y le aseguraba que en adelante no podría ya protegerlo, pues había sido desarmada por Júpiter. Sin embargo, ningún presagio le turbó tanto como la respuesta y el infortunio del astrólogo Ascletario. Después de ser denunciado y de aceptar que había divulgado sucesos que gracias a su arte podía prever, Domiciano le preguntó si sabía qué final le aguardaba. Cuando Ascletario le aseguró que en breve sería destrozado por los perros, Domiciano ordenó ejecutarlo al momento, pero dispuso que lo enterraran con sumo cuidado para dejar en evidencia la superchería de su arte. Después de proceder conforme a estas instrucciones, sucedió que, apagada y deshecha la pira fúnebre por una repentina tormenta, su cadáver, a medio quemar, fue descuartizado por los perros. Mientras Domiciano estaba cenando, Latino, un actor de mimos, le contó este suceso entre las demás habladurías del día, puesto que lo había visto con sus propios ojos cuando casualmente pasaba por allí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker