Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XVI. La víspera de su muerte, después de ordenar que guardaran para el día siguiente las trufas que le habían servido, añadió: «Si es que me las puedo comer», y, dirigiéndose a los comensales que tenía al lado, afirmó que «al día siguiente la luna se cubriría de sangre al pasar por Acuario y que ocurriría algún suceso del que hablaría la gente a lo largo de todo el orbe terráqueo». Alrededor de la media noche, se sintió tan aterrorizado que saltó fuera de la cama. Más tarde, al amanecer, escuchó y condenó a muerte a un arúspice enviado desde Germania, porque, al ser consultado sobre un rayo, había augurado un cambio de emperador. Luego, al rascarse enérgicamente una verruga ulcerosa que tenía en la frente y brotar de ella abundante sangre, exclamó: «¡Ojalá toda la sangre sea ésta!». Preguntó entonces qué hora era y le respondieron adrede que era la hora sexta, en lugar de la quinta, que era de la que tenía miedo. Engañado de este modo como si ya hubiese pasado el peligro, lleno de alegría se disponía a arreglarse, cuando Partenio, su ayuda de cámara, le disuadió de ello, notificándole que había alguien que quería comunicarle no sé qué importante asunto y que no debía hacerlo esperar. En consecuencia, después de despedir a todos, se retiró a su alcoba, y allí fue asesinado.