Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XVII. Sobre la naturaleza de la intriga palaciega y del asesinato, se divulgaron los siguientes pormenores. Estaban los conjurados indecisos sobre cómo y cuándo atacar a Domiciano, es decir, si debían hacerlo mientras se bañaba o mientras se hallaba cenando, cuando Estéfano, administrador de Domitila[36], que en aquellos momentos estaba acusado de malversación de fondos, les ofreció su consejo y colaboración. El día del crimen, ocultó un puñal en su brazo izquierdo, que durante algunos días, para evitar sospechas, se había envuelto con paños y vendas como si hubiera sufrido un accidente, y, después de anunciar que tenía pruebas de una conspiración, motivo por el que fue conducido a presencia de Domiciano, le apuñaló en la ingle, mientras éste leía atónito el informe que le había entregado. Como Domiciano, aunque herido, se defendía con todas sus fuerzas, su ordenanza Clodiano, un liberto de Partenio llamado Máximo, Sátur, jefe de los ayudas de cámara, y algunos miembros de la escuela de gladiadores se abalanzaron sobre él y lo remataron con siete puñaladas. Un joven esclavo, que cuidaba de los Lares cubiculares y permanecía habitualmente en la alcoba, presenció por ese motivo el asesinato y explicó los siguientes detalles: que Domiciano, nada más recibir la primera puñalada, le ordenó que le alargara el puñal que guardaba bajo la almohada y llamara a los criados, pero que en la cabecera de la cama no encontró nada más que la funda vacía del puñal[37] y, además, halló cerradas todas las puertas; que el emperador, agarrando y derribando a Estéfano, luchó cuerpo a cuerpo con su agresor durante largo rato, intentando o bien arrebatarle el puñal, o bien vaciarle los ojos con sus dilacerados dedos. Murió catorce días antes de las calendas de octubre, a los cuarenta y cinco años de edad, y en el decimoquinto de su reinado[38]. Su cadáver, que unos sepultureros sacaron de palacio en un vulgar ataúd, lo incineró su nodriza Filis en su casa de las afueras de Roma, junto a la vía Latina, pero, a escondidas, depositó sus restos en el templo de la familia Flavia y los mezcló con las cenizas de Julia, hija de Tito, a la que también ella había criado.