Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XVIII. Fue Domiciano de elevada estatura, de semblante tímido y ruboroso y de grandes ojos, aunque de mortecina mirada. Fue además, en especial durante su juventud, bien parecido y muy bien proporcionado en todos los miembros de su cuerpo, a excepción de los pies, cuyos dedos eran demasiado cortos. Más tarde, se vio afeado por la calvicie, la prominencia del vientre y la delgadez de las piernas, que una larga enfermedad había ido enflaqueciendo. Era plenamente consciente del atractivo que le proporcionaba la timidez de su rostro, por lo que llegó a jactarse de ello en el Senado con las siguientes palabras: «Estoy seguro de que hasta ahora os han complacido mi carácter y mi rostro». Su calvicie le mortificaba hasta tal extremo, que se tomaba como un agravio personal si alguien echaba en cara a otro ese mismo defecto, tanto si era para molestarlo como para bromear. Con todo, en el opúsculo Sobre el cuidado del cabello, que dedicó a un amigo, intercaló estas palabras para consolar, tanto a su amigo, como a sí mismo:
¿No ves acaso cuán bello y alto soy?[39]
«Y, aunque el mismo destino aguarda a mis cabellos, soporto con entereza que mi cabello envejezca, siendo todavía un adolescente. Entérate de que nada hay más grato que la belleza, pero nada tampoco más efímero.»