Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XIX. Como, debido a sus pies, no podía soportar el cansancio, raras veces caminó por la ciudad; más raramente todavía fue a caballo durante sus expediciones militares y en el campo de batalla, siendo transportado, por lo general, en litera. No sentía afición por ninguna clase de armas, excepto por el arco de flechas[40], que le apasionaba. Muchos pudieron verle en su retiro del monte Albano matando centenares de fieras de toda especie y disparando con tal habilidad a su cabeza, que con dos flechazos conseguía que pareciese que llevaban cuernos. Algunas veces disparaba con tal puntería contra la palma abierta de la mano de un muchacho, que, colocado a lo lejos, la mostraba a manera de diana, que todas las flechas pasaban entre sus dedos sin herirlos.