Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XX. Al inicio de su reinado descuidó los estudios liberales, aunque se preocupó, sin reparar en gastos, de recomponer las bibliotecas desaparecidas en un incendio[41], haciendo buscar por todo el Imperio ejemplares de las obras perdidas y enviando amanuenses a Alejandría para transcribir y corregir los textos. Sin embargo, nunca se preocupó lo más mínimo por la historia, ni por conocer las obras poéticas, ni siquiera por adquirir un buen estilo, a pesar de que le hubiese hecho falta hacerlo. Excepto las memorias y las actas de Tiberio César[42],no leía absolutamente nada. Redactaba sus cartas, discursos y edictos, valiéndose de la habilidad de otros. Su modo de hablar, sin embargo, no carecía de elegancia ni, en ocasiones, de notables sentencias: «Quisiera —dijo un día— ser tan bien parecido como a Mecio le parece serlo»; y afirmó que la cabeza de cierto individuo, debido a la tonalidad canosa y rojiza de sus cabellos, era como nieve esparcida sobre vino dulce[43].