Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LIV. No mostró, sin embargo, el mismo comedimiento en el ejercicio de sus cargos militares ni en el de sus magistraturas. Como atestiguan, en efecto, distintos escritores en sus obras, siendo procónsul en España aceptó el dinero que había solicitado a sus aliados para saldar sus deudas y saqueó, como si fueran enemigas, algunas ciudades de los lusitanos, aunque no habían incumplido sus órdenes y le habían abierto sus puertas al acercarse a ellas. En las Galias expolió templos y santuarios, repletos de ofrendas a los dioses, y con frecuencia asaltó ciudades, más por ansias de botín que por represalias de guerra. De ahí que dispusiese de tal cantidad de oro, que pudiera venderlo en Italia y en provincias a tres mil sestercios la libra[50]. Durante su primer consulado robó del Capitolio tres mil libras de oro y las sustituyó por otras tantas de cobre dorado. Vendió alianzas y reinos de modo que, tan sólo de Ptolomeo, obtuvo cerca de seis mil talentos en nombre suyo y de Pompeyo. Más tarde sostuvo los ingentes gastos de la guerra civil, así como el importe de las celebraciones de sus triunfos y de sus espectáculos, con el producto de sus robos y sacrilegios, conocidos por todo el mundo.