Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LVI. Nos ha dejado también los comentarios de sus operaciones durante la guerra de las Galias y durante la guerra civil contra Pompeyo. No es seguro, en cambio, quién pueda ser el autor de las guerras de Alejandría, de África y de España: unos creen que es Opio, y otros, Hircio, quien ya había completado el último libro de la guerra de las Galias, que César había dejado incompleta. Cicerón, también en su Bruto[53], enjuicia así los comentarios de César: «Escribió unos comentarios que merecen todos los elogios: son sobrios, sencillos, elegantes, despojados de todo ornato superfluo, como de una vestimenta; pero, mientras él pretendió que los demás escritores tuvieran unos materiales preparados donde pudieran nutrirse los que quisieran escribir la historia de estos hechos, estos comentarios resultarán quizá gratos a los necios que querrán echarlos a perder con falsos adornos literarios, pero, a los juiciosos, les ha quitado las ganas de escribir». Y sobre esos mismos comentarios dice Hircio: «Han merecido tanta estimación en la opinión de todos, que no parece que hayan dado, sino más bien quitado, a los historiadores la posibilidad de escribir sobre ellos. Nuestra admiración, sin embargo, por esta obra es mayor aún que la de los demás; éstos perciben, en efecto, su gran elegancia y perfección, pero nosotros conocemos, además, la facilidad y rapidez con que los escribió». Asinio Polión opina que fueron escritos un tanto a la ligera y que no responden fielmente a la verdad, al dar César un crédito injustificado a muchas acciones llevadas a cabo por otros, y, en cuanto a las suyas propias, las falseó, ya intencionadamente, ya por fallos de memoria; y afirma que era intención de César escribirlos de nuevo y corregirlos. Dejó, además, los dos libros De Analogía y los dos Anticatones, y también un poema titulado El Camino. Los primeros de estos libros los escribió durante la travesía de los Alpes, cuando, una vez concluidos los tribunales provinciales de justicia que él presidía, regresaba desde la Galia Citerior a reunirse con su ejército; los otros dos los escribió en los días de la batalla de Munda; el último, en fin, durante los 24 días de su viaje desde Roma a la Hispania Ulterior. Se conservan también sus cartas al Senado y parece que él fue el primero en disponerlas por páginas, a la manera de un libro de notas, siendo así que, con anterioridad, los cónsules y generales siempre las enviaban escritas a lo largo de todo un pliego. Se conservan igualmente sus cartas a Cicerón y también las dirigidas a sus familiares sobre asuntos domésticos, en las cuales, si tenía que tratar algún tema muy confidencial, lo escribía en clave, es decir, disponiendo el orden de las letras de tal forma que no pudiera formarse palabra alguna. Y, en caso de que alguien quisiera descifrarlas y entenderlas, había de cambiar cada letra por la tercera siguiente del alfabeto; así, por ejemplo, la D en lugar de la A, y lo mismo para las restantes letras. Se citan también algunos escritos de su niñez y de su adolescencia, como Elogio de Hércules, la tragedia Edipo y también una Recopilación de Proverbios. Augusto prohibió publicar todas estas obras menores en una carta muy concisa y sincera que envió a Pompeyo Macro, a quien había encargado la organización de las bibliotecas.