Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXIX. A lo largo de los diez años que duró la guerra de las Galias no se insubordinaron ni una sola vez; sí lo hicieron, en algunas ocasiones, durante las guerras civiles, pero volvieron rápidamente a sus obligaciones, no tanto por la indulgencia de su general como por su autoridad. No cedió nunca ante los insubordinados y siempre les hizo frente. En Plasencia, aunque todavía Pompeyo estaba en guerra contra él, licenció con deshonor a la novena legión, toda entera, y, a regañadientes, tras muchas súplicas y ruegos, la aceptó de nuevo, pero no sin haber castigado antes a los culpables.
LXX. Del mismo modo, aunque la guerra de África estaba en su punto álgido y llenos de pánico sus amigos, no vaciló en enfrentarse y licenciar a los legionarios de la décima legión que, en Roma, exigían, con grandes amenazas y con peligro incluso para la ciudad, especiales recompensas y su licenciamiento. Sin embargo, con una sola palabra: «ciudadanos» —apelativo con el que, en lugar de «soldados», se dirigió a ellos en esta ocasión—, controló y le dio tan fácilmente la vuelta a la situación que, al instante, respondieron todos que ellos eran «soldados», y, aunque él se negaba, le siguieron espontáneamente a África; en cualquier caso, sancionó a los más levantiscos con la tercera parte del botín y de las tierras que les estaban destinadas.