Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXXIII. Por el contrario, nunca se dejó llevar de un odio tan profundo que no lo depusiese de buen grado, si se le brindaba la ocasión para ello. A Cayo Memio, a cuyos durísimos discursos había contestado él por escrito con no menor virulencia, más tarde llegó incluso a respaldarle en su candidatura al consulado. Por propia iniciativa se adelantó a escribir a Cayo Calvo, quien, tras sus injuriosos epigramas, intentaba, a través de unos amigos, congraciarse con César. A Valerio Catulo, por culpa de cuyos ofensivos versos sobre Mamurra[60] sabía César que había quedado infamado para siempre, cuando posteriormente se excusó, aquel mismo día le invitó a cenar y continuó frecuentado la casa de su padre, como antes acostumbraba.