Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LXXIV. Clemente por naturaleza a la hora de aplicar castigos, cuando se apoderó de los piratas que le habían capturado, como les había jurado que los crucificaría, los hizo degollar primero y, después, ponerlos en la cruz. Tampoco quiso nunca perjudicar a Cornelio Fagita, a pesar de que, en otros tiempos, solamente después de sobornarlo pudo librarse de las emboscadas nocturnas que éste le tendía, aunque él estaba enfermo y escondido para no ser conducido ante Sila. A Filemón, uno de sus esclavos, que había prometido a sus enemigos envenenarlo, lo castigó simplemente con la muerte, pero sin torturarlo. Respecto a Publio Clodio, que había cometido adulterio con su mujer y que por esa misma razón estaba acusado de sacrilegio[61], al ser citado César como testigo, negó saber nada a ciencia cierta, aunque, tanto su madre Aurelia como su hermana Julia, habían declarado fidedignamente todos esos hechos ante los mismos jueces. Preguntándole entonces por qué había repudiado a su mujer, respondió: «Porque juzgo necesario que los míos estén libres, no sólo de culpa, sino también de sospecha».






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