Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXXVIII. Pero lo que le granjeó los mayores y más funestos sentimientos de odio se originó sobre todo en el siguiente hecho: habiéndose presentado el Senado en pleno ante él con numerosos y honoríficos decretos en su favor, los recibió, sentado, ante el templo de Venus Genitrix. Algunos creen que, cuando intentó levantarse, Cornelio Balbo se lo impidió; pero otros dicen que ni siquiera lo intentó y que a Cayo Trevacio, que le aconsejó que se levantara, lo miró con cara de pocos amigos. Y esta actitud suya les pareció tanto más intolerable, cuanto que el propio César, porque Poncio Áquila había sido el único de todo el colegio tribunicio que no se había levantado ante él cuando, durante uno de sus triunfos, pasaba por delante de las banquetas de los tribunos, se había encolerizado de tal modo que le gritó: «¡Tribuno Áquila, exígeme además que restablezca la República!»; y durante varios días, siempre que prometía algo a alguien, formulaba la siguiente reserva: «Si es que lo permite Poncio Áquila».