Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

LXXIX. A tan flagrante ofensa de desprecio al Senado se sumó un hecho todavía mucho más arrogante. Cuando, entre desmesuradas e insólitas aclamaciones del pueblo, regresaba César de ofrecer los sacrificios durante las fiestas latinas, alguien de entre la multitud colocó en la estatua de César una corona de laurel orlada de una cinta blanca[68]. Al ordenar los tribunos de la plebe Epidio Marulo y Cesetio Flavo retirar la cinta de la corona y conducir a aquel individuo a la cárcel, indignado César porque aquella insinuación de la realeza hubiese tenido tan poco éxito, o bien, como él aseguraba, porque le habían arrebatado la gloria de rechazarla, después de increpar airadamente a los tribunos, los destituyó de sus cargos. A causa de este suceso, no pudo ya disipar la infamante sospecha de aspirar al título de rey, a pesar de que, en otra ocasión, respondió a la plebe, que le saludaba como rey, que él era César, no el rey, y de que, durante las Lupercales[69], rechazó la diadema que en varias ocasiones le acercó a su cabeza el cónsul Antonio y la envió al Capitolio como ofrenda a Júpiter Óptimo Máximo. También se propalaron diversos rumores de que tenía la intención de trasladarse a Alejandría o a Troya, llevándose con él todos los recursos del Imperio y confiando a sus amigos la administración de la ciudad y de Italia, exhausta ya por las levas, y de que en la próxima reunión del Senado el quindecenviro[70] Lucio Cota pondría a votación la propuesta de que César recibiese el nombramiento de rey, puesto que estaba escrito en los libros sibilinos que los partos no podrían ser vencidos, a no ser por un rey.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker