Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LXXXIII. Así pues, a petición de su suegro Lucio Pisón, se abre y se lee en casa de Antonio el testamento que César, en los anteriores idus de septiembre, había redactado en su finca de Lavicano[76] y entregado para su custodia a la virgen Vestal Máxima. Dice Quinto Tuberón que, desde su primer consulado hasta el inicio de la guerra civil, solía dejar como heredero a Cneo Pompeyo[77], y así lo había proclamado ante sus soldados en una asamblea. Pero en su último testamento nombra como herederos a los tres nietos de sus hermanas: a Cayo Octavio de las tres cuartas partes de sus bienes y a Lucio Pinario y Quinto Pedio de la cuarta parte restante. En la parte última del documento adoptaba a Cayo Octavio como miembro de su propia familia[78] y le daba su nombre. Como tutores de su hijo, en caso de que llegase a tener alguno, designaba a varios de sus asesinos y a Décimo Bruto le nombraba, incluso, entre los segundos herederos[79]. Al pueblo le legaba, para disfrute público, sus jardines junto al Tíber y trescientos sestercios por cabeza.







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