Amanecer en la cosecha (Los juegos del hambre 5)
Amanecer en la cosecha (Los juegos del hambre 5) Haymitch intenta recordar la secuencia de los hechos. La forma en que Woodbine Chance corrió, desesperado, sabiendo que si no lo hacía, moriría igual. La forma en que su cráneo estalló como si fuera un castigo ejemplar. Un niño corrió por su vida. Y el Capitolio respondió con una bala.
Ese disparo cambió el destino de Haymitch.
En el vagón, la propaganda no se detiene. Comida, camas suaves, un equipo de estilistas los espera. Lo maquillan, lo visten, le enseñan cómo responder ante la cámara. Pero nada de eso puede ocultar la herida interna.
—Te vamos a hacer brillar, Haymitch —le dice Plutarch—. Nadie recuerda al segundo tributo varón. Pero vos… vos tenés historia.
Historia. Lo que Haymitch quiere es volver al bosque, abrazar a Lenore Dove, enseñarle a Sid cómo usar el encendedor. Pero ese futuro ya no existe.
En la pantalla del Capitolio, Drusilla repite el nombre: Haymitch Abernathy . Él lo escucha desde afuera, como si no fuera suyo. Como si ya fuera otro.
En un descuido, Louella se sienta junto a él. Tiene trece años, los ojos grandes y húmedos.
—¿Creés que nos van a matar a todos?
Haymitch no quiere mentirle.