Amanecer en la cosecha (Los juegos del hambre 5)
Amanecer en la cosecha (Los juegos del hambre 5) —Creo que vamos a hacer lo posible por sobrevivir.
Ella asiente. No necesita promesas, solo algo de verdad.
Cada noche, antes de dormir, Haymitch toma el encendedor de Lenore, lo frota contra el pedernal de Sid, y observa las chispas. Es su ritual. Su resistencia silenciosa.
Porque puede que el Capitolio tenga las cámaras.
Pero lo que arde en su pecho todavÃa es suyo.
La capital resplandece con mármol, oro y perfección artificial. Pero para Haymitch, todo es una farsa. Los tributos son alojados en una torre de cristal, como presas en exhibición. Las comidas son banquetes. Las camas, nubes. Y aún asÃ, todo apesta a muerte.
Los entrenamientos comienzan. Haymitch observa, aprende. No destaca por fuerza, pero tiene algo que los demás no: agudeza. Analiza a los tributos. Observa sus alianzas, sus debilidades. Sus estrategias nacen de la necesidad, no del ego.
En la arena de prácticas, evita las armas. Prefiere la cuerda, los cuchillos, y sobre todo, pasar desapercibido. Algunos se rÃen. Él sonrÃe con amargura.
—ReÃte ahora. Cuando estén todos sangrando, vamos a ver quién se esconde mejor —le dice a Blair en su cabeza, como si pudiera escucharlo.
