Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Por el contrario, cuando un viajero y su caballo están en buenas condiciones, cuando su bolsa está llena y el dÃa por delante, se pone en camino solo si el tiempo parece favorable; entretiene en él a su compañÃa del modo más agradable que puede y además, a la primera ocasión, los lleva con él a disfrutar de todo lo agradable a la vista, ya sea una obra de arte o de la naturaleza, o ambas cosas; o si se da el caso de que lo rechazan, por necedad o por cansancio, pues que se vayan por su cuenta y allá ellos, ya los alcanzará en la siguiente ciudad, y al llegar cabalgará con furia entre los hombres, mujeres y niños que saldrán a mirar, con cien chuchos ladrando ruidosamente detrás de él, y si distingue con un latigazo al más atrevido es más por deporte que por escarmentarlo, pero si alguno de ellos, más agresivo, se acerca demasiado, recibe un saludo en forma de coz en el hocico de los cascos del corcel, que no pierde terreno al darla y lo envÃa a su casa aullando y cojeando.
Y ahora procedo a resumir las singulares aventuras de mi famoso Juan, de cuyas circunstancias y andanzas se acuerda sin duda el atento lector cuando las dejamos al concluir una de las secciones anteriores. Asà que su atención inmediata debe fijarse en sacar de dos de ellas el sistema de conceptos que mejor se adapte a su comprensión para el verdadero disfrute de lo que va a continuación.