Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Juan no solo había calculado el primer trastorno de su cerebro con tanta prudencia como para dar lugar a esa epidémica secta de los eolistas, sino que también, al dársele bien un nuevo y extraño género de ideas, la fertilidad de su imaginación lo llevó a abrigar ciertas nociones que, si bien eran en apariencia muy inexplicables, no carecían de misterio ni de significado, ni carecían tampoco de seguidores que las aprobaran y las mejoraran. Por lo tanto seré extremadamente cuidadoso y exacto al dar cuenta de los elementos materiales de esta naturaleza que he sido capaz de recopilar, recurriendo o bien a la tradición indudable o bien a la infatigable lectura, y los describiré tan gráficamente como sea posible y en la medida en que nociones de semejante altura y dimensión puedan estar al alcance de una pluma. No me cabe duda de que proporcionarán una buena cantidad de materia noble a aquellos cuya imaginación transformadora los predispone a reducir todas las cosas a tipos, a quienes pueden crear sombra sin la ayuda del sol y moldearlas en sustancias sin ayuda de la filosofía, y a aquellos cuyo peculiar talento reside en poner en letras los tropos y las alegorías, y lo literal refinarlo mediante imágenes y misterios.