Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Merece la pena considerar que esos escritores antiguos, al tratar enigmáticamente este asunto, se han centrado por lo general en el mismo jeroglífico, variando solo el relato, de acuerdo con sus predilecciones o con su talento. Para empezar, Pausanias es de la opinión de que la perfección al escribir correctamente se debía enteramente a la institución de los críticos, y que no puede referirse a nadie que no sea el verdadero crítico, creo yo, queda sobradamente manifiesto con la siguiente descripción. Él dice que eran una raza de hombres que se deleitaban mordisqueando en las superfluidades y en las excrecencias de los libros, lo cual acabó por poner en guardia a los sabios, los cuales de común acuerdo podaron de sus obras las ramas exuberantes, las podridas, las muertas, las resecas y las excesivamente largas. Pero todo eso lo oscurece astutamente bajo la siguiente alegoría: que los de Nauplia, en Argos, aprendieron el arte de podar sus vides al observar que cuando un asno había ramoneado una de ellas, esta crecía mejor y daba mejor fruto. Pero Heródoto, sirviéndose del mismo jeroglífico, habla mucho más claro y casi in terminis. Fue tan audaz como para tachar de ignorancia y de malicia a los críticos verdaderos, contándonos abiertamente, pues creo que no puede ser más claro, que en la parte occidental de Libia había asnos con cuernos, algo que Ctesias incluso refuerza al mencionar al mismo animal relacionándolo con la India, y añadiendo que mientras todos los demás asnos carecen de vesícula biliar, los de cuernos la tenían de tal tamaño que su carne no se podía comer, debido a su excesivo amargor.