Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Ahora bien, la razón por la que estos escritores antiguos trataban este asunto solo mediante sÃmbolos e imágenes era que no se atrevÃan a atacar abiertamente a una corporación tan poderosa y tan terrible como la de los crÃticos de esos tiempos, cuya voz era tan temible que toda una legión de autores temblaba y dejaba caer sus plumas al oÃrla; asà es como Heródoto nos cuenta expresamente en otro lugar cómo un vasto ejército de escitas fue puesto en fuga, presa del pánico, por los rebuznos de un asno. De ahà que se haya conjeturado por ciertos profundos filólogos que la gran veneración y reverencia dispensados al verdadero crÃtico por los escritores británicos ha llegado hasta nosotros por nuestros antepasados escitas. En resumen, ese miedo era tan universal que, con el transcurso del tiempo, aquellos autores que tenÃan pensado publicar sus sentimientos más libremente cuando describÃan a los verdaderos crÃticos de diferentes épocas, se vieron forzados a abandonar el uso de los antiguos jeroglÃficos, por aproximarse demasiado al prototipo, e inventaron en su lugar otros términos que eran más cautos y mÃsticos: asÃ, Diodoro, hablando del mismo tema, no va más allá de decir que en las montañas de Helicón crece cierta semilla que da una flor con un olor tan maldito que envenena a quienes osan olerla. Lucrecio nos ofrece exactamente el mismo relato: