Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Había también entre los antiguos un tipo de críticos que, como especie, no se diferenciaba del anterior, salvo en dimensión o en grado, que parecen haber sido solo aprendices o novicios, pero que debido a sus diferentes ocupaciones son mencionados frecuentemente como una secta aparte. El trabajo habitual de estos jóvenes estudiantes era el de acudir asiduamente a las funciones de teatro y aprender a extraer las partes peores de la representación, de las que estaban obligados a tomar nota cuidadosamente y a entregar un cabal informe a sus tutores. Cebados con esos pasatiempos menores, como lobeznos, con el tiempo crecieron hasta ser suficientemente ágiles y fuertes como para cazar piezas mayores. Pues se ha observado, tanto entre los antiguos como entre los modernos, que un crítico verdadero tiene una cualidad en común con una ramera y con un concejal, y es que su título y su condición nunca cambian, ya que un crítico curtido ha sido ciertamente un crítico novato, siendo las perfecciones y logros de su edad tan solo las mejoradas aptitudes de su juventud; como el cáñamo, del que algunos naturalistas nos dicen que es malo para los ahogos, aunque se tomen solo las semillas. Considero que la invención, o al menos el perfeccionamiento, de los prólogos se ha debido a estos jóvenes competentes, de los que Terencio hace frecuente y honrosa mención con el nombre de malevoli.