Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Habiendo así demostrado de modo suficiente la antigüedad de la crítica y descrito su primitivo estado, ahora examinaré su presente condición y mostraré lo bien que se armoniza con su antiguo ser. Cierto autor, cuyas obras se perdieron por completo hace varios siglos, dice de los críticos, en el capítulo octavo su quinto libro, que sus escritos son espejos de sabiduría. Eso lo entiendo yo en sentido literal, y supongo que nuestro autor quiere decir que quien aspire a ser un perfecto escritor tiene que mirar con atención los libros de crítica y corregir allí su propia creación, como si se mirase en un espejo. Ahora bien, quien considere que los espejos de los antiguos estaban hechos de bronce y sine mercurio, podría disponer hoy de los dos rasgos principales de un crítico verdadero moderno, y en consecuencia, por fuerza tiene que sacar la conclusión de que estos han sido siempre, y siempre lo seguirán siendo, los mismos. Porque el bronce es el emblema de lo duradero, y, cuando se bruñe con talento, su superficie se vuelve reflectante, sin que sea necesario que tenga mercurio por detrás. Todas las demás cualidades del crítico no requieren una mención particular, ya que están implícitas o son fácilmente deducibles de esas dos. Sin embargo, concluiré con tres máximas que, al tiempo que pueden servir como características para distinguir a un verdadero crítico moderno de un aspirante, serán también de admirable utilidad para aquellos espíritus nobles que se dediquen a un arte tan provechoso y honorable.